09/10/2021

Opinión

Hasta los protectores de animales odian a los mosquitos

Escribe Juan Manuel Aragón - (Especial para El Diario 24).
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Hasta los protectores de animales odian a los mosquitos

Los mosquitos son enemigos de la raza humana, se diría, por derecho propio, consiguieron el título luego de largas y arduas peleas contra casi todas las demás alimañas que son y han sido en este mundo. Odiamos al mosquito, al que revolotea a última hora en la oreja insomne, le tenemos rabia, ojeriza, inquina, tirria, aversión. Su presencia provoca furia, porque unos cuantos colados por la ventana abierta de la habitación, pueden lograr que una noche que se presentaba plácida, ideal para dormir, se convierta en un vendaval de odioso desvelo.

A ellos se refería aquel autor que señalaba la insoportable levedad del ser, pues de tan pequeños, son casi inmateriales. Basan su estrategia de supervivencia, justamente, en su pequeñez: ya los habríamos extinguido hace rato si hubieran tenido el tamaño de los antiguos mamuts o los gliptodontes prehistóricos.

Como será que son de dañinos, que las asociaciones protectoras de los animales no los tienen en consideración en su apología del medio ambiente, como si todo aquello que midiera menos de un centímetro no fuera un ser vivo. Hasta ahora solamente perros y gatos son objeto de defensa para los amantes de los animales que, de vez en cuando recuerdan a los gallos de riña, hacen una tímida apología de comer verduras, y continúan su camino como si nada. Una paradoja, los más molestitos, los peores, los más persistentes en su afán de no dejarnos dormir acreditan un destino de fuerte aplauso.

Uno se pregunta por qué no serán como la tranquila lombriz solitaria, que hace daño, pero en silencio, sin incomodar a nadie, plácida, sosegada, serena la guacha, enquistada en el fondo del estómago, viviendo a costa de uno. A ellos en cambio, les gusta el barullo, impacientar a la gente, haciendo enojar a quienes en definitiva constituyen su cena.

Los espirales, las tabletas, son una solución. También rociar la habitación con DDT unas horas antes de acostarse, ventilarla bien y luego cerrarla. Otra: instalar puertas y ventanas mosquiteras, aunque quiten aire a las habitaciones y las vuelvan sofocantes en los bochornosos veranos. También vale no dejar recipientes con agua en los patios, en los baldes, en el tarrito de la comida de perro. Tirar las cubiertas viejas y aquello que les sirva de hábitat es una buena medida. Corte el césped y libere su terreno de malezas, pues ahí se refugian.

Sabemos que los mosquitos son comidos principalmente por los murciélagos, a su vez los murciélagos son alimento de ciertas aves, luego viene el zorro y se come los pajaritos y así sucesivamente. Es decir, son una parte importante en la base de la escala alimentaria de la faz de la tierra, pero algunas noches, cuando no dejan de embromar y andan como embravecidos zumbándole en la oreja, diga si no le gustaría inventar un aparato que los liquide a todos. A las dos de la mañana, dando vueltas y vueltas en la cama, sin pegar un ojo por su culpa, no importaría que el mundo se termine para siempre si también los lleva puestos a todos y cada uno para siempre jamás.

Nos quedaríamos sin naturaleza en estado puro, pero al día siguiente, ¡ah!, qué tranquilos vamos a dormir.

Juan Manuel Aragón

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